En sólo unos pocos años, las reglas del juego del Marketing han cambiado. Roles de liderazgo están convergiendo, las estructuras tradicionales se están desmoronando y la voz de los consumidores tiene más peso que nunca. Fortalezas menos tangibles como la inteligencia emocional y la intuición psicológica están demostrando ser de vital importancia para hacer crecer  una marca.

Dejando atrás las viejas estructuras, principios y modos de actuación de un mundo ya obsoleto,  las marcas deben adaptarse a la “nueva realidad” y trazar un camino nuevo y audaz hacia un futuro en el que la colaboración y   “co-creación” con los consumidores es cada vez más importante.

En lugar de atrincherarse y recortar costes cuando el terreno se ve incierto, las marcas tienen que aceptar el hecho de que el crecimiento se produce cuando invierten en mejoras y ofertas más relevantes. Deben aceptar el hecho de que el éxito se produce cuando las marcas crean un espacio para pensar en grande, soñar en grande y tomar decisiones en grande, no sólo en términos de negocio, sino como agentes del cambio cultural.

Un ejemplo de esta estrategia es Apple, una compañía que ha cambiado nuestras vidas, no sólo con sus productos, sino también con su filosofía. La capacidad de Apple de “pensar diferente” y de tener en cuenta la experiencia del cliente les ha convertido en la marca número uno a nivel mundial.  Con una reputación que la acredita como la marca que ha transformado nuestra forma de trabajar, jugar y comunicarnos, Apple ha puesto el listón muy alto, demostrando al resto que los líderes saben lo que representan y lo que deben hacer para cumplir con las expectativas de su público.

Para el resto, más vale ir interiorizando que el mundo ha cambiado de manera tan radical que no hay más remedio que adaptarse o ser barridos en la irrelevancia.