Evitar la publicidad es algo que los consumidores han hecho desde el principio de los tiempos, no solo en el mundo digital sino que, incluso cuando el medio publicitario por excelencia, la televisión era el rey de los hogares, todo el mundo se levantaba en los cortes de la programación ya fuese para acudir a la nevera en busca de provisiones o para hacer una visita al baño.

Y es que, los anuncios nunca han sido vistos como algo que el público quiera consumir, sino como eso que se interpone entre lo que la audiencia realmente quiere ver.

Sin embargo, aunque ocurre con la gran mayoría de anuncios, no todos son evitados por los espectadores. De hecho, la buena publicidad, esa que es reconocida y galardonada como auténticas obras de arte originales, son disfrutadas por millones de personas. ¿Por qué? Por el simple hecho de que cuentan historias.

La clave de la publicidad hace mucho tiempo que dejó de ser la de atrapar a la audiencia para vender productos, para convertirse en una manera de demostrar lo buena que es una marca conectando, emocionando, contando.

Y la narrativa publicitaria ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años por una sola razón: el nuevo poder del consumidor.

Cada paso en el mundo digital, desde el iPod eliminando la tiranía del álbum para ofrecer tan solo las canciones que desea adquirir el consumidor, pasando por el fenómeno de “bloqueo de anuncios” han ido proporcionando un mayor poder de elección a la audiencia que es ahora la que elige lo que quiere y lo que no quiere ver.

Durante décadas se había creído que la audiencia nunca estaría dispuesta a pagar por los servicios y, sin embargo, el tiempo nos ha enseñado que nos así. Y para muestra los servicios como Netflix, Hulu, Amazon o Spotify, cuyos usuarios de pago se cuentan por millones.

La conclusión es sencilla, el público solo está dispuesto a pagar para consumir lo que quiere, cómo quiere, dónde quiere y cuándo quiere y esto es el resultado del mayor poder del consumidor.

Esta mayor exigencia hace que los anunciantes no tengan más remedio que estrujarse los sesos desterrando mensajes intrascendentes para su target y opten por añadir valor a sus mensajes construyendo historias narrativas que entretengan, inspiren y  toquen el corazón y la cabeza, generando así la relación de confianza y fidelidad que todas las marcas buscan.

La clave está en conocer cada día más a nuestros usuarios a través de la conexión emocional y única que se genera cuando contamos una historia. Y para ello, el storytelling, es la mejor herramienta.

“La gente olvidará lo que dijiste, la gente olvidará lo que hiciste, pero la gente nunca olvidará cómo la hiciste sentir” – Maya Angelou.